Tomates verdes fritos: Poder compartir

El tema del racismo no es nada novedoso. El tema de la amistad más allá de lo convencional tampoco lo es. Hay cientos de películas que tratan sobre ello. Tomates verdes fritos, por tanto, pertenecería a esa serie de films nada novedosos en cuanto a su trama. Sin embargo, lo cierto es que algo tiene que la hace distinta. Quizás, la forma en que las protagonistas de esta película se alían, cada una a su manera, para no cejar contra las injustitas y prejuicios que el tema racial imponía en el sur de los EEUU, y cómo unas junto a las otras se convierten en refugios para sus propias vidas.

La película nos sitúa en un pequeño pueblo de Alabama, donde vive Evelyn Couch (Kathy Bates) una mujer tímida, acomplejada por su gordura, que, ante la insatisfacción vital que siente se refugia en la comida. Evelyn, conocerá a Ninny Threadgoode (Jessica Tandy), una anciana que vive en un asilo. Gracias a la relación que se establece entre las dos mujeres, Evelyn evolucionará hasta convertirse en una mujer completamente distinta. Paralelamente a la historia de estas mujeres, correrá, como un flashbacks, la vida de otras dos mujeres, Idgie y Ruth, que mantienen una relación de amistad desde que eran dos niñas y a lo largo de toda su vida. Para aderezar esta historia de amistad y compromiso, una trama de intriga que, entiendo, es lo de menos.

Y es que lo que importa en esta película es el tema de la amistad, de esas relaciones que establecemos con otras personas con las que somos capaces de compartir las amarguras y las alegrías que la vida nos depara a la vuelta de cada esquina. Porque no hay nada como compartir los disgustos y las penas para sobrellevarlos mejor y, tampoco no hay nada mejor que compartir esos momentos que tanto nos alegran. La complicidad  no tiene precio. Y ese es, precisamente, el nudo gordiano de la película.

“¿El secreto de la vida? El secreto está en la salsa”. Eso es lo que son los amigos,  los buenos amigos (los de verdad), son la salsa de nuestras vidas. De eso estoy completamente segura.

Tomates verdes fritos, es una historia entrañable, cálida, dirigida por Jon Avnet (productor de auténticos bodrios cinematográficos), que aprovechó una muy buena historia escrita por la novelista Fannie Flagg (Fried Green Tomatoes at the Whistle Stop Café); una fantástica ambientación sureña y un reparto de actrices de verdadera impresión, empezando por la grandísima Jessica Tandy, la inigualable Kathy Bates, y las encantadoras Mary Stuart Materson y Mary Louise Parker.

Este film tuvo dos nominaciones a los Oscar, a la mejor actriz de reparto para Jessica Tandy y a mejor guión adaptado. No obtuvo ninguno de los dos, pero merecía ambos, sin lugar a dudas. Obtuvo también diversas nominaciones a los premiso Bafta y a los Globos de Oro, sin obtener ninguno de ellos.

Como ven, les traigo otra película de relaciones humanas, de amistad, de amor y esperanza en el cambio, pero es que es lo que me apetece. No puedo decirles más que lo que aquí les dejo. Ahora tengo que reunirme con las que forman mi salsa, las que me alegran la vida, vamos a darnos unas risas y unos cuantos llantos si hace falta.

Disfrútenla.

© Del Texto: Anita Noire

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