El concierto: Cada cosa en su sitio

Mediocre, inverosímil y lacrimógena. Toda una decepción. Me habían hablado muy bien de El Concierto de Radu Mihaileanu. Ya sé de quién no puedo fiarme.

El concierto es la historia de una venganza. Aquí no hay veneno, ni navajas degollando pezcuezos, ni horribles padecimientos de nadie. Al contrario, la música y la amistad son armas suficientes para que un grupo disparatado consiga lo que se propona.

Como en todos los viajes colectivos (aquí se viaja de Moscú a París), los individuos presentan sus propias motivaciones. Comerciar, conseguir trabajo, salir de un país en ruinas, dirigir una orquesta, conocer el pasado, hacer que el partido comunista se eleve hasta el mismo cielo o volver a beber. Con estos mimbres y un concierto en el Teatro de Châtelet se arma la trama de la película.

Un grupo de músicos acabados terminan triunfando, ella (la protagonista) llora, él está a punto (el protagonista), el público se enternece (el del cine, digo, porque el del Teatro de Châtelet está emocionado, en pleno éxtasis) y, oh, la felicidad se hace presente.

El concierto está salpicada de un humor muy elemental y unos diálogos bastante simplones. Lo mejor, por supuesto, la música. Aunque si se trata de escuchar un concierto de Piotr Ilich Tchaikovski prefiero ir al Teatro Real de Madrid y dejar lo del cine para mejor ocasión. No se me ocurre decir nada más. Es tan poca cosa esta película…

© Del Texto: Nirek Sabal

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