Julie y Julia: Lo que nos llena


Hay días que uno sólo necesita ver la cara amable de las cosas. Hay días que hasta lo más aciago deja de tener peso si encuentras un puntito dulce en el que recrearte y eres capaz de relamerte buscando la dulzura que, a veces, no tiene el día a día.
Las películas de Nora Ephron tienen eso, pueden parecer comedias dulzonas, a veces incluso empalagosas, pero no se dejen engañar. Una fotografía amable, un final feliz, es un bonito disfraz; la noñería puede enmascarar muchas más cosas de las que parecen mostrarnos a priori.
Metan el dedo en la tarta, rebusquen entre la nata y encontraran, como ocurre con el roscón de reyes, una sorpresa. Es el caso de Julie y Julia, una historia de desconcierto, hastío y necesidad de búsqueda de cosas propias que llenen la individualidad, el mundo particular de cada uno. Nuestra intimidad, la necesidad de hacer cosas por nosotros mismos, para deleite o disfrute única y exclusivamente nuestro.
Una mujer Julie Powell (Amy Adams), con vocación literaria y una novela guardada en el cajón de su casa, trabaja para la administración del Estado de Nueva York, escuchando a las víctimas del 11S, y recogiendo las quejas, sugerencias y lamentos de las victimas de aquel suceso. Un trabajo que no la satisface y que la tienen al teléfono, todas las horas del día, escuchado reproches e historias inmensamente tristes. Junto a su marido, cambian de barrio, alejándose del espectacular Brooklyn para instalarse en Queen. Sus amigas, unas obsesionadas con sus puestos directivos y su aspecto físico, le producen una enorme insatisfacción y la sensación de estar fuera del mundo.


Se siente profundamente insatisfecha, sin nada que le permita desconectar de un mundo y conectarse con ella misma. Una afición: la cocina. Una idea: aprender la verdadera cocina francesa. Un objeto: el libro “Dominando el Arte de la Cocina Francesa” (Mastering the art of french cooking), clásico libro de cocina de la célebre cocinera Julia Child (Meryl Streep). Un objetivo: Cocinar todas las recetas del libro en 365 días mientras explica en un blog personal lo que va experimentando, a diario, con su nueva afición. Una consecuencia: el reconocimiento de su capacidad y su vocación como escritora, el relleno del vacío que su vida privada, íntima y personal tenía.
A lo largo de la película, la vida de Julie, el presente, y la de Julia, el pasado, se irán reencontrando, una y otra vez, mostrándonos los continuos paralelismos entre ellas. No en sus vidas del día a día, sino en sus sensaciones, inquietudes y necesidad de lugares propios y únicos.
Me gusta la película. Me gusta mucho. No se dejen engañar, la vida a veces es una mierda, pero cuando encuentras aquello que te llena, a ti (sin intervención de tercero, sin necesidad de complacencias), y puedes dedicarle algún tiempo, por poco que sea, nuestra existencia se convierte en una maravilla. Pónganse un objetivo a corto plazo, hagan una cosa al día que realmente les guste. El mundo cambiará de color. Yo ya he empezado a hacerlo.
© Del Texto: Anita Noire


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