Grease: Lo más de lo más


¿Saben quién es John Travolta? ¿Sabe quién es Olivia Newton-John? Posiblemente, al primero, algunos los conozcan por las películas de Tarantino, ya saben aquella Pulp Fiction que marcó época y posteriores films muy sesudos. A la segunda, posiblemente otros, la conozcan como cantante pop de los años 70 y 80. Sin embargo, antes que todo eso, existió “Grease”, y fue allí donde Travolta alcanzó la popularidad y pasó a ser una estrella del cine y donde la australiana Newton-John se consagró definitivamente como cantante pop, si bien con distinta suerte en el cine.
Con “Grease”, ambos se convirtieron en la pareja ideal, la envidia de todos los jóvenes del mundo, guapos, enamorados, con unos chorros de voz que les permitía unos gorgoritos que no se escuchaban desde “West Side Story”. Los cines tuvieron colas monumentales durante meses y las chicas empezaron a peinar unos rizos, unas ondas, en sus melenas, como las de Olivia en la película. Los pantalones de cuero se pusieron de moda y, por supuesto, las camisetas sin mangas. Revolucionaron la estética.
“Grease”, es un musical que se filmó a finales de los años 70, inspirado en la vida de los estudiantes norteamericanos de los años 50. No soy nada objetiva con esta película porque para mí, en su momento, fue lo mejor de lo mejor y, si bien es cierto que vista a posteriori, con muchísimos años más encima, la cosa no es lo mismo, para mí continúa siendo una bomba de endorfinas para mi cuerpo.
Quienes, en su momento, vimos “Grease” conservamos un buen recuerdo, o eso creo, porque de hecho no conozco a nadie de mi generación a quien le nombres la película y no exclame un –Ah, siiiiii!!!- y no sonría.
Una película dirigida a los jóvenes de finales de los 70, y pese a que nos ponían por delante unas imágenes, una estética, que no se correspondían con la de nuestra época, a todos nos parecía rompedora. Empezando por los títulos de créditos que en forma de cómic, acompañado por la música creada por Barry Gibb (uno de los componentes de los Bee-Gees), ya nos dejaba con la boca abierta.

El argumento es sencillo. Vacaciones de verano, niña bien, Sandy Olson (Olivia Newton-John) conoce, en la playa, a chico, Danny Zucco (John Travolta), guapo, amable, enamorado, delicado. El verano llega a su fin y cada uno tiene que volver a su vida y a su ciudad, ella a su Australia natal. Pero, oh! Cambios de última hora, la familia de Sandy decide quedarse en los EEUU e inscriben a Sandy en el Instituto Rydell. Y oh!, casualidad, en el instituto se encuentra con su amor, que ya no es tan dulce, delicado, ni amable. Ahora es el líder de una pandilla de chicos, los T-Birds (Thunder Birds), que para hacerse el machito frente a sus amigos, contará, de forma totalmente adulterada, la historia vivida con Sandy. A lo largo de la película, los encuentros y desencuentros entre ellos, los novietes y sus amigos, nos mantendrán atentos a la pantalla. La decepción de Sandy, la contradicción continua de Danny, las aventuras de los estudiantes estadounidenses (carreras de coches, heladerías maravillosas, Ángeles de la guarda, noches del pijama, bailes de fin de curso, coches descapotables, etc.), los posicionamientos de los amigos comunes, en fin todas esas cosas que pasan en las pandillas, será lo que nos mantendrá frente a la pantalla durante casi dos horas.
Uno que quiere y cree que no puede; otra que quiere y cree que tampoco puede. En fin, lo de siempre, pero magníficamente retratado. Al final, no por esperado, menos ilusionante, ni él era tan malo malote, ni ella tan tontita como parecía. Y como no podía ser de otra manera, un final de campanillas, chica pretende reconquistar a su chico, adoptando las sugerencias de sus nuevas amigas, las “Pink Ladies”, de ser más malota y, el chico malote, intenta abandonar sus feas costumbres para reconquistar el amor de la muchachita. Y como tenía que acabar bien, porque no podía ser de otra manera, se reencuentran en un parque de atracciones, malote con pinta de santito, santita con pinta de malota, para confesarse su amor y salir volando en un estupendo descapotable mientras sus amigos lo flipan desde el parque.
Que sí, que lo sé, que el argumento es “simplicísimus”, pero a toda una generación nos dejo epatados y boquiabiertos, con su estética, con su música, con todo absolutamente todo.
No les voy a decir nada más. Compren siete kilos de helado, siete kilos más de palomitas, 20 litros de coca-cola, llamen a sus amigos de siempre y véanla, olviden que algunos de ustedes empiezan a peinar canas y disfrútenla como entonces. Yo pienso hacerlo, bueno volveré a hacerlo, cosa de mis filias y mis fobias.
© Del Texto: Anita Noire


Comentarios cerrados.