9 semanas y media: Puedes dejarte el sombrero

“Famosa estupidez con la que se identificaron los yuppies más cursis”, dice de esta película un tipo, seguramente, más propenso a la pornografía que al erotismo. Por el contrario, a los sensibles que nos pilló hormonando a los 15, atolondrados y ardientes, nos dejó en estado atómico perpetuo.
Ahora, 24 años más tarde, ya no tan atolondrados, aunque igual de ardientes, somos conscientes, es verdad, de la dudosa calidad cinematográfica de una historia que nos puso a mil, que nos amenizó electrizantes masturbaciones en el baño. A todas horas.
El protagonista, que no es John ni tampoco Elisabeth, sino la tenebrosa parafilia del sadomasoquismo con sus exhibicionismos y fetichismos correspondientes, nos enajena y enloquece al enfrentarnos a esa disputa absurda siempre del “quiero” y el “debo”. A la búsqueda de experiencias más fuertes, de una salida de emergencia a la rutina y la eterna repetición contra las aburridas pautas sociales que nos lapidan.
Escondemos ahora, de “maduros” y “desarrollados”, nuestras parafilias de una sociedad artificial altamente ofensiva y dañina. Mucho más que nuestras mórbidas parafilias. Mucho más.
Podemos pasarnos toda una vida buscando a una recién desenmascarada Elisabeth embebida en lubricantes y masoquistas mermeladas. Buscamos a un John que arrase con todos nuestros patrones sexuales establecidos, que nos obligue a transigir a lo bestia a todos los deseos sexuales mil años disimulados. Algunos, incluso, tienen la gran suerte de encontrarlo…
En mi caso particular, de atolondrada y ardiente en los 80, y pasando de las críticas, creo firmemente que Adrian Lyne cumplió su objetivo con esa película. Que no era impresionarme con espectaculares diálogos ni aparotosos planos, qué va.
Y, es que, yo he logrado dejarme sólo el sombrero, que ya es mucho…
© Del Texto: Sonia Hirsch


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