Call Northside 777: Mis ideas que nunca tuve

Meta en una coctelera Chicago años 30, la Ley Seca, una trama policial corrupta, un sistema judicial con grietas, un periodista inasequible al desaliento, lo agitan para que todo quede bien ligado y ya tienen una película. Si además el que realiza la mezcla es un director de cine como la copa de un pino, ya tienen ustedes una gran película. Esto es lo que consigue Henry Hathaway con su película “Call Northside 777”, que fue el nombre original de la película “Yo creo en ti”.
Esta película una buena película que invita a la reflexión sobre el sistema judicial y policial en los EEUU de los años 30.
Chicago año 1932, un policía es asesinado y tras una investigación que deja mucho que desear y de un juicio no falto de garantías, un pobre diablo, Frank Wiecek (Richard Conte), es condenado a 99 años de prisión. A los 11 años de cumplimiento de la pena, el condenado sigue afirmando que es inocente. Nadie le cree salvo su madre y su ex esposa. Un periodista escéptico (James Stewart), del Chicago Times, retoma la investigación del caso, a partir de la publicación de un anuncio colgado en la prensa en el que la madre de Wiecek ofrece una recompensa de 5.000 dólares al abogado que consiga liberar a su hijo de la prisión. La tenacidad del periodista y el desarrollo de la investigación modificarán la visión escéptica del reportero hasta convertirlo en un acérrimo defensor del condenado. Miles de contratiempos y cortapisas no impedirán que finalmente la verdad salga a la luz.

Creo que se puede afirmar que estamos frente a una de las mejores películas de cine negro de los años 40. Con una interpretación excelente de sus protagonistas, James Stewart y Ricard Conte. La combinación de imágenes reales, libres de ornamentaciones prescindibles, nos sitúan frente a un film que, en algunos momentos, bien parece un documental del Chicago de mitad del siglo XX.
La película está basada en hechos reales, a principios del año 1932, y se utilizaron fotografías reales. En su día, dado el contexto en que la misma se filmó y la trama que desarrollaba se consideró una película atrevida pues entraba, como se ha dicho, en los mecanismos del sistema judicial y policial estadounidense.
Los medios empleados para dar con la “verdad” hoy nos pueden parecer de lo más ridículos, detectores de mentiras, ampliaciones fotográficas manuales, rotativas antiquísimas y unas máquinas de escribir que hoy en día no podríamos ni pulsar.
El ritmo de la película es bueno, salvo su desenlace, demasiado precipitado y con demasiadas lagunas sin cerrar, entre ellas, ¿qué ocurre con el otro condenado, Tomek Zaleska, que también era inocente? ¿Un error judicial y policial como el cometido se compensa con 10 dólares, ni que sean de la época? ¿Por qué mintió la única testigo Wanda Siskovich? .
Esta película nos invita a la reflexión sobre las apariencias, sobre las ideas preconcebidas, y de la opinión que se puede llegar a considerar como propia a base de repetirla, aún cuando no se tiene ni idea de cómo se ha llegado a la misma, ni lo que la misma supone.
Si quieren pasar una buena tarde, intriga periodística al frente, no se olviden de esta película y, si les place, busquen una respuesta a las incógnitas que Hathaway no desvela.
© Del texto: Anita Noire


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