Cartas desde Iwo Jima: Todos abominables, todos nobles

No acostumbro a ver películas de contenido bélico, al menos no las que únicamente se desarrollan a base de mostrarnos soldados librando feroces combates para conquistar territorios hostiles, matando a diestro y siniestro. No me interesan pues, en este caso, como en muchos otros, la realidad que acostumbra a superar la ficción y, por tanto, en estos menesteres, me basta con poner el telediario de las nueve y ver unas cuantas imágenes de Afganistán, Ingusetia, Liberia, la Franja de Gaza, Indonesia o cualquier rincón del mundo en el que las personas han dejado de importar para que lo hagan otros intereses bastante más estúpidos.
Sin embargo, como en todo, hay excepciones. Tenía mucho interés en ver “Cartas desde Iwo Jima”, quería ver como se cuenta la historia de los vencidos en un conflicto de la magnitud del que se trata y quería ver como Clint Eastwood (que, francamente, me parece mejor director que actor), resolvía este tema, teniendo en cuenta su origen estadounidense, es decir, el mismo de los que integraron el bando ganador.
Debo decir que el último empujón para que viera esta película es que conocía la estupendísima música de esta película. Música compuesta por Kyle Eastwood, uno de los mejores compositores de los últimos tiempos, y que, como puede observarse por la coincidencia del apellidos, es hijo del director del film. De hecho, muchas de las bandas sonoras de las películas de Clint Eastwood están compuestas por Kyle Eastwood.
Cartas desde Iwo Jima” se rodó totalmente en japonés y en ella se ofrece la versión nipona de la batalla más cruenta de la II Guerra Mundial en el Pacífico. Como dato histórico decir que en aquel enfrentamiento fallecieron más de 20.000 japoneses y 7.000 estadounidenses. La famosa fotografía de los seis soldados americanos alzando la bandera de los EEUU en la ladera de Suribachi, en la isla de Iwo Jima, ha dado cientos de veces la vuelta al mundo. En la película se nos muestra la férrea resistencia japonesa dirigida por el general Tadamichi Kuribayashi (Ken Watanabe).

Debo confesar sin pudor ninguno que esta película me fascinó, me parece una de las mejores películas que trata el tema de la guerra, en realidad de la anti guerra, de las que he visto.
Es terriblemente intensa, te sacude y sientes, a lo largo de su visionado, como el honor reside, en muchas ocasiones, en los perdedores, en aquellos que saben que su final está ahí y están dispuestos a asumirlo. En este sentido, es verdad que Eastwood demuestra una total inteligencia en la gestión del film, una fotografía espléndida, la música no podría ser mejor, la sobria interpretación de los actores espectacular. Esta película no puede dejar a nadie indiferente. Retrata, como pocas, la condición humana, la contraposición entre lo abominable y la nobleza de las personas en situaciones límite.
Conseguí estar sentada en el sofá durante todo su desarrollo, sin pestañear, sintiendo un tumulto de sensaciones. Todo lo que veía me parecía importante. Todo se tenía que contar y eso, no es sencillo. Me invadió la tristeza y la desolación, no pude evitarlo, la guerra no sirve para nada, absolutamente para nada o, tal vez, sólo para demostrarnos la crueldad de la que somos capaces los seres humanos.
Si quieren ver el otro lado de la moneda pueden ver “Banderas de nuestros padres”, pero yo, que soy muy mía, me quedo con “Cartas desde Iwo Jima”, creo que es una muy buena película que, ni siquiera a los que no les gusta el cine bélico, deben perderse. Altamente recomendable, a mi entender.
© Del Texto: Anita Noire


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