The full Monty: El horno no está para bollos, pero…

El horno no está para bollos, es verdad, más de 4 millones de parados en este país es como para preocuparse, pero como en todo, o sacamos pecho e intentamos poner buena cara, intentándolo de verdad, o nos vamos al garete y terminamos todos con una úlcera. Es lo que hay.
Hoy es fiesta, 1 de mayo, festividad del trabajo. Me lío con “The full Monty”. La sinopsis: Inglaterra, condado de Yorshire. Una fábrica de acero cierra sus puertas y prácticamente toda la población masculina de la ciudad quedará en situación de desempleo. Historias personales, situaciones límite que obligan a buscar soluciones imaginativas a situaciones desesperadas. Una de ellas, a priori disparatada, organizar un strip-tease entre un grupo de amigos que, no son precisamente unos cuerpos Danone.
Una comedia estupenda, donde una colaboración estupenda entre un guión realmente fantástico de Simon Beaufoy y la buena dirección de Peter Cattaneo, en su opera prima, dieron un resultado genial. No es fácil hacer reír y menos cuando se toca material sensible.


A finales de los años 90, cuando aún no existía la moda de publicar calendarios de personajes anónimos desnudos (bomberos, amas de casa, futbolistas de tercera, etc.) con la finalidad de recoger fondos para las causas más variopintas, apareció en las pantallas de las salas de cine, una comedia, con un argumento la mar de original, donde sin ningún complejo y con grandes dosis de humor, la mayoría bastante negro, mete la cabeza en algo tan espinoso como es quedarse en el paro y, ante la falta de recursos, optar con la realización de un desnudo colectivo por parte de un grupo de amigos y conocidos todos en situación de desempleo como medio para la obtención de ingresos.
Hay momentos verdaderamente geniales en la película, entre ellos, el de la famosa cola en la oficina del paro donde, los que allí se encuentran, terminan bailando al ritmo de Donna Summer, cantantes de moda de años antes.
Una película tan bien montada que nos lleva de la risa desatada a la contención de la emoción que puede ponernos al borde de la lágrima. En definitiva una película muy humana, donde todos se comportan como pueden, donde todos intentan sobrevivir a una situación complicada a la que no ven salida.
Así que, sin olvidar que, como decía, el horno no está para bollos, más vale que aprendamos a reírnos un poco de todo y de todos. No tenemos más, o usamos la imaginación o terminaremos cazando moscas.
No se la pierdan, disfruten de una de las mejores comedias de los años 90.
© Del Texto: Anita Noire


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