2046: Mirando desde el submarino

2046 es una habitación de hotel en la que pasaron cosas. En la que siguen pasando. Un periodista intenta regresar a ella escribiendo un relato de ciencia ficción. Y lo intenta de ese modo porque dice que él no volverá por allí, que tendrá que inventar cómo sería esa vuelta. De la 2046 nadie ha regresado nunca. En la 2046 ya no hay secretos. Imagina un tren (el 2046) en el que las mujeres son androides incapaces de amar, programadas para hacer las cosas siempre igual, o programadas para amar a otro o hacer las cosas que uno no puede entender. Mientras, en el mundo real, todo está lleno de secretos, de mujeres que pueden amar (incluso a nuestro periodista), de personas carentes de imaginación. Un mundo decadente en el que el protagonista es su máximo exponente. Él es que no puede amar, al que le falta la capacidad de fabulación (el relato no es más que una repetición de lo que le pasa maquillada con mujeres biónicas).
No se trata de una mala película, pero deja demasiadas expectativas por cubrir. El director, con mucha habilidad, las enmascara con una estética notable, una música sorprendente por lo bien elegida, unos personajes muy atractivos y una trama que causa extrañeza. Pero la estética en cine no lo es todo, la música ya estaba, los personajes se quedan a medias con la excusa del ir y venir a la ciencia ficción y la trama camufla con giros extraños y tramposos la falta de recursos para solucionar lo que Wong Kar Wai plantea. Ni más ni menos que el gran problema con el que se enfrenta el hombre desde que lo es: el tiempo, su paso. Zanja el asunto con un mensaje parecido a “lo que ha pasado, pasado está, nada se puede cambiar salvo echando imaginación al asunto para modificar el presente”. Demasiado poco. Olvida Wong Kar Wai que el tiempo es, en realidad, una convención que el ser humano maneja para medir el tiempo que le queda de vida, que desde la ficción lo que se modifica es el pasado que arrastra toda esa fábula para que el presente sea más llevadero, para entenderlo. Parte de premisas demasiado superficiales para tratar un asunto muy serio.

Ahora bien, si dejamos a un lado lo profundo de la película, lo verdaderamente importante aunque sea la zona que muchos espectadores no transitan solos sino de la mano del director (ven lo que les enseñan y es suficiente), la película da el pego. Y lo digo sin ironía. Creo que es verdad. Wong Kar Wai hace buen cine, los actores suelen estar a la altura de los personajes que interpretan, la música suele ser deliciosa, algunas secuencias son tratadas con un mimo original, sugerente y sutil. De este autor, y de esta película en concreto, se dijeron maravillas en Europa y se le galardonó con el premio a la mejor película internacional.
Prueben suerte. Quizás no vean las cosas como yo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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