Ultimátum a la Tierra: Desde un plato sopero


Jesse and Joy – Espacio Sideral

Si me gusta el cine que se hacía en los años cincuenta es, sobre todo, por su inocencia. Es verdad que no todas las películas son inocentonas, pero las que sí lo son, lo son a más no poder.
Un ejemplo claro de lo que digo es Ultimátum a la Tierra.
Un platillo volante llega a la tierra (un plato sopero vuelto del revés porque los efectos especiales no daban para más). Klaatu (Michael Rennie), un alienígena superbueno y educadísimo, acompañado de un robot parecido a esos muñequitos que regalan en el Burguer King (este peligroso y destructivo en caso de agresión), salen a dar una vueltecita por el planeta Tierra. Lo primero que hacen los soldados norteamericanos es pegar un tiro a Klaatu que no pierde su exquisita educación. El robot si la pierde y se lía a lanzar rayos cósmicos de lo más demoledores. La cosa se queda en casi nada porque Klaatu se apiada. El caso es que el alienígena convive con los humanos (que no entienden nada y siguen pegando mamporros en cuanto pueden). Conoce a una hermosa joven (Patricia Neal) y, a través de su hijo, se encuentra con un científico (Sam Jaffe que, efectivamente, tiene cara de investigador listo relisto). Tras correr de un sitio a otro, Klaatu la palma achicharrado a tiros. Otra vez el ejército salvador de los Estados Unidos de América. Pero el robot le devuelve la vida y Klaatu puede hablar con científicos de todo el mundo convocados por su amigo. “Como sigáis en este plan os mando al robot que tengo a la espalda y os advierto que tiene muy mala leche” les dice desde el borde del plato sopero. Y se va dejando a la humanidad pensativa.
Ya sé que he sido muy mala persona resumiendo la película. Dicho así, no creo que exista una persona humana dispuesta a tragarse ni los créditos. Pero quiero ser justo porque la película merece la pena. Con unos efectos especiales básicos, con un reparto muy justito; un guión, a veces, infantil; y unos decorados muy de andar por casa, la película es muy agradable de ver, enseña un mundo violento que debe dejar de serlo, señala el problema en el ejército y la solución en la bondad. Es una película de malos y buenos. Los malos todos nosotros. Los buenos son los que dedican su vida a tratar de hacer de la humanidad algo mejor.
Ultimátum a la Tierra se puede ver en casa con los niños comiendo palomitas. Se les puede explicar sin problemas. Y no tendrán pesadillas nocturnas a pesar de plantearse el fin del mundo por ser tan tocinos como somos.
De verdad, que merece la pena. Busquen una copia en el video club, preparen la sonrisa y dejen que les lleven de viaje en un plato hondo puesto de revés. Mola mazo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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