Sueños de un seductor: La comedia en tiempos de Orfidal


McCOY TYNER TRIO – High Flight

Hoy voy a probar una cosa. Verán.
Decía Billy Wilder que en todas las épocas que estuvo deprimido hizo comedias. Y, cuando se sentía realmente feliz, rodó temas más bien trágicos. Quizás, probablemente, en un intento inconsciente de compensar sus estados de ánimo.
Pues bien, a mí ayer me diagnosticó un psiquiatra “recaída en cuadro depresivo ansioso”, ¿saben?, y, ante terrorífico dictamen, yo tenía tres opciones:
1ª: Un buen chute de Lorazepam y benzodiacepinas varias, que ya saben ustedes que es pan para hoy y hambre para mañana.
2ª: Hacerme de una botella de Bombay Shapire, una tonelada de Nordics y unos buenos chorros de agua del Carmen, que, como diría mi amiga Anita, es el mejor cocktail molotov para sucumbir mortalmente al sopor de TODO, pero que mis años y mis delicadas transaminasas ya no toleran un mililitro más.
O 3ª: Hacerle caso a Billy Wilder, y canalizar mis ansiedades escribiendo comedia. Cosa que se me da fatál…
Después de muchas intoxicaciones en vano de Bombay Shapire e infinitos, inútiles y comatosos letargos de Orfidal, esta noche no me queda más remedio que optar por la comedia, por Billy Wilder, por Woody Allen, por Bogart, que también me hace mucha gracia…
Entonces busco esa “absurda” cinta “Sueños de un seductor” (“Aspirinas para tres” en teatro), dónde un Allan Félix desastroso como yo, un fanático cinéfilo afectadísimo por su divorcio, busca desesperadamente a una sustituta con la ayuda del espectro de Humphrey Bogart, el perfecto consejero sentimental… (Sonrío).
El tal Allan, a pesar de perfumarse hasta la exageración, de exhibir sus impecables americanas, sus evocadores vinilos y atractivas tendencias artísticas, no consigue deslumbrar a nadie, excepto a Linda, la mujer de su mejor amigo. Una disyuntiva fatál, claro.
Bogart, su confesor, aparece constantemente envuelto en esa nebulosa secreta blanca y negra que evoca, sin remedio, a la inefable llsa Lund. El amor y la virtud. El dilema entre el deseo y el deber.

De pronto veo a Allan ligando en una galería. Contempla un Jackson Pollock precioso fuera de cuadro que ratifica la absoluta negatividad del universo, el odioso vacío solitario de la existencia, la nada, el predicamento del hombre dedicado a vivir en una desierta eternidad sin Dios como una diminuta llamita que relampaguea en un inmenso vacío dónde sólo hay desperdicio, horror y degradación formando una inútil camisa de fuerza que aprisiona un cosmo absurdo. (Sonrío).
-¿Qué hace el sábado por la noche?- pregunta un dudoso Allan a una repipi anoréxica en la galería.
-Me voy a suicidar- replica la repipi anoréxica.
-Pués el viernes por la noche- insiste un desesperado Allan fatalmente aconsejado por un Bogart de humo.
(Sonrío).
¿Se acuerdan ustedes? Allan, finalmente, acaba locamente enamorado de Linda, la mujer de su mejor amigo. Sin embargo, la deja marchar en una húmeda pista de aterrizaje como el Bogart de humo deja marchar a llsa Lund, con la ayuda de un gendarme francés, iniciándose así el principio de una gran amistad…
Bien. Yo, en calidad de depresiva ansiosa, de rendida ya ante cualquier consejo de seducción y atisbo de grandes y húmedas amistades, me atrevo a aconsejarles a todos, incluyéndome a mí misma, que no hagan ningún caso de Allan Félix, de ningún espectro de Bogart, de ningún gendarme francés en la niebla.
No dejen ustedes nunca escapar nada ni a nadie en ningún aeropuerto. No se fíen ustedes de la niebla. Y ante una situación extrema, tomen ustedes Orfidales y Bombay Shapire, pero nunca, nunca se olviden de compensar sus estados de ánimo con la comedia. Nunca. (Sonrío).
© Del Texto: Sonia Hirsch


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