abr 9 2010

El cielo protector: Voz en off



Bbo Stenson Quartet – Kukka

Esta no es una historia de viajes; ni de bonitos paisajes saharianos; ni de exploradores trotamundos en busca de aventura. Esta es la historia de Port, un compositor que no compone, y Kit, una escritora que no escribe, que con la excusa de buscar nuevos alicientes para sus actividades creativas, se adentran en un desierto con el único fin de encontrarse a sí mismos y darle algún sentido a sus vidas.
Esta no es ninguna historia de amor. Esta es una historia de soledades, de abandonos, de búsquedas inciertas. De tres personajes sumidos en una sigilosa desesperación en sus propios desiertos internos, tan remotos e infinitos.
No voy a hablar de la espectacular fotografía de Vittorio Storaro. Tampoco de la espectacular música de Ryuichi Sakamoto, una música preciosa, evocadora. Mucho menos del espectacular Bernardo Bertolucci, no lo conozco demasiado.
No me atraen las cosas muy espectaculares. Las prefiero pequeñas, inadvertidas, sigilosas…


Reviso ahora dos cameos pequeños y fugaces, al inicio y al finál de la película, de Paul Bowles, el autor de la novela. Totalmente opuesto, por cierto, a la realización de esta película, como casi todos los autores…
Rebobino, voy hacia adelante, hacia atrás… Montones de veces hago una pausa en la escena finál, dónde una Kit abandonada a su suerte, entra aturdida y desorientada en el café y sonríe aliviada al encontrarse con Bowles, el autor de su historia. Se acerca a él. Sus viejos rostros se reflejan en una vieja pared recubierta de viejos espejos. “¿Te has perdido?”, pregunta el autor. “Sí”, responde el personaje.
Al fondo del espejo se refleja el mundo merendando, ajeno a ellos dos. Un mundo indiferente, distante, maquillado con música francesa “no empática”, pastas y té.
Luego, suena la voz en Off del autor, que dice: “Como no sabemos cuando vamos a morir, llegamos a creer que la vida es un pozo inagotable. Sin embargo, todos ustedes, sólo un cierto número de veces, y no demasiadas… En cuantas ocasiones te vendrá a la memoria aquella tarde de tu infancia, una tarde que ha marcado el resto de tu existencia, una tarde tan importante que ni siquiera puedes concebir tu vida sin ella. Quizás cuatro o cinco veces, quizás ni siquiera eso… Y cuantas veces más contemplarás la luna llena… Quizás veinte, y, sin embargo, todo parece ilimitado…”.
Ninguna panorámica de Storaro, ninguna evocadora nota de Sakamoto ni ningún espectacular Bertolucci me ha transmitido tanto como la voz en Off del propio autor confesando la premisa de su obra.
Yo vivo constantemente con esa premisa de Bowles. Ya la hice mi premisa. Ya sé que nada es ilimitado, que todo es efímero y fugaz, y que atravieso mi desierto guiada con esas líneas que una vez leí: “No sé muy bien lo que me espera, pero, de cualquier modo, iré hacie eso riendo”.
© Del Texto Sonia Hirsch