The dark hours: De lo mal que funciona la mente humana


La mente humana funciona de una forma muy extraña. De hecho, no sabemos nada o muy poco de cómo el cerebro hace o deja de hacer. Un buen día, alguien se queda completamente higo. Y ya está, eso es todo lo que podemos saber. Es verdad que la psiquiatría y la psicología van avanzando, pero cuando un tío se queda colgado por completo la cosa se pone difícil. No hay quien le saque de donde esté. Sólo puede pasar que, otro buen día, se recupere sin saber porqué.
El cine moderno, igual que la literatura, buscan (más que contar historias) explicar como una mente cualquiera llega a funcionar, cómo se reconstruye o cómo termina de construirse. Es lo que llamamos personajes.
Algunos directores lo hacen de forma amable, otros grosera, los de más allá sin profundidad y los de más acá desde el terror, por ejemplo. Es, esta última, una forma muy espectacular de hacerlo. Y muy llamativa. Lo desconocido provoca el miedo. Si eso desconocido es uno mismo se convierte en terror. Como todos tenemos (a priori) una mente, la cosa suele funcionar.


The Dark Hours es una película de terror. De terror psicológico.
La protagonista de la película descubre que un tumor (localizado en el cerebro, en el de ella) crece rápidamente. Es algo que, como médico, ha tenido que estudiar y tratar en pacientes con tendencias asesinas, con individuos tremendamente violentos. Durante dos años, se había mantenido estable, pero ahora el diagnóstico es muy diferente. En este punto arranca la narración. El problema es que todo, a partir de la primera secuencia, es previsible. Si no lo fuera nadie podría continuar viendo algo así. Si no fuesen sucediéndose escenas que ya sabes que deben estar, la sensación de estafa sería tremenda, mayor que ver la película (algo de muchomérito, por cierto). Las películas que dedican todo el metraje a preparar una gran traca final y tramposa deberían estar prohibidas. Lo verdaderamente impactante de la película es una escena, (muy cerca del final y que alguien colocó allí para tratar de arreglar un poco la cosa), una escena, decía, tan brutal como innecesaria.
La tesis que se maneja es que, ante una lesión determinada, todos somos candidatos a ser asesinos malísimos, que la mente es lo que mueve a las personas y lo que manda en nuestras vidas. Qué original, oye.
Las interpretaciones de la media docena de actores y actrices es normalita, el guión quiere ser original cuando, en realidad, es una castaña sin pies ni cabeza, y el resto hace juego con él. Lo único bueno de verdad, lo realmente maravilloso, es que la película es muy, muy corta. Alguien del equipo de rodaje se apiadó de la humanidad. O se acabaron las idioteces por decir. Ese es el gran misterio. Y es que la mente humana funciona de forma muy extraña. Es capaz, incluso, de diseñar cosas como esta película.
© Del Texto: Nirek Sabal


Comentarios cerrados.