abr 5 2010

Indochina: El rito de ver cine


CHARLES AZNAVOUR – Une vie d`amour

¿Tienen tiempo? ¿Les gusta la fotografía? ¿Adoran Asia? Mi respuesta es sí a cada una de las anteriores preguntas. Por eso, porque esta tarde dispongo de todo el tiempo del mundo y la lluvia invita a quedarse en casa, mi película para hoy es “Indochina” de Régis Wargnier.
Busco en el armario un “Ao Dais” originario de Hanoi. Me miro en el espejo mientras me peino con un recogido que acompaña a la perfección la estilizada casaca que sólo tiene sentido sobre los pantalones amplios y flojos que visten las mujeres vietnamitas. Preparo una enorme tetera y dispongo un pequeño vaso que me acompañará durante las más de dos horas de duración de esta película. Me siento en el suelo, cruzo las piernas para sumergirme en la inmensidad de Vietnam.
Indochina es la historia del fin del imperialismo francés en el sudeste asiático. Una historia que corre paralela a la vida de Eliane (Catherine Deneuve), Jean-Baptiste (Vincent Pérez) y de Camille (Linh Dan Pham).
Eliane es la dueña de una plantación de caucho en la Indochina Francesa de los años treinta. Hija de franceses pero nacida en la región, Eliane se considera asiática, aunque los nativos la perciban como extranjera. Cuando Eliane decide adoptar a la pequeña Camille -hija de un príncipe anamés- su vida comenzará a entretejerse con la de la historia indochina. Al crecer Camille, el amor de ambas mujeres por el mismo hombre las conducirá a la tragedia, al mismo tiempo que Indochina se liberará del yugo francés.


A destacar la interpretación de Catherine Deneuve. Está espléndida una vez más. Borda su papel de mujer fría e insensible que no duda en manipular la vida de los demás, en este caso la de Jean Baptiste, para alejarlo de su hija Camille, generándose a partir de ahí, un destino trágico y desgraciado para todos sus protagonistas. Inmejorables las escenas en las que Elliane se sumerge en oníricos mundos producto del opio, inmejorables las escenas en las que Jean Baptiste navega como si lo hiciera por el fin del mundo.
Esta película obtuvo el Oscar a la mejor película del año 1992, pero ciertamente ni el argumento ni el desarrollo de la película es que sean excesivamente brillantes. Sin embargo, es una gran producción donde es evidente que nada se escatimó en cuanto a fotografía y ambientación. De hecho es lo que seduce totalmente. Imágenes de unos soberbios paisajes de bosques invadidos por la bruma, de las altas formaciones rocosas emergiendo de entre las aguas en los deltas del Mekong, de los templos Vietnamitas, son lo que consiguen que uno se mantenga frente a la pantalla sin ni siquiera pestañear. Mil detalles para perderse observando. Por eso me gusta Indochina porque es una película de enormes detalles visuales. La historia que nos cuenta es lo de menos, eso pienso yo, pues no es más que la historia de la soberbia, de la destrucción y de la decadencia de los mundos personales, de los amores que terminan provocando una hecatombe y de las desgracias de las que uno no puede huir salvo que se sumerja en la nada para olvidar su propio fracaso.
No tengan prisa, no esperen una película de relumbrón, pero no se pierdan los detalles. De momento guardaré mi Ao Dais porque ahora sólo pienso en viajar en el tiempo y perderme en la Indochina de 1930. Un imposible, tal vez, pero nunca se sabe.
© Del Texto: Anita Noire