Creer en las personas. Precious.
© Del Texto: Anita Noire
© Del Texto: Anita Noire


He perdido la cuenta de las veces que he visto la película. Creo que entiendo algunas cosas que antes habían pasado desapercibidas. Igual que creo que me hago el remolón para entender por completo lo que me quieren decir. Así tengo excusa para seguir viéndola cada cierto tiempo.
Tal vez lo importante de la película no sea entender que la inteligencia humana (sea como fuere) apareció para poder evolucionar, o que la inteligencia humana se convierte en un peligro cuando modifica cualquier elemento de la naturaleza en algo propio para poder evolucionar; o que una inteligencia creada por el hombre y para el hombre, pero no controlada por él es la perdición porque no pueden coexistir a la vez; o que la inteligencia del hombre (sólo esa y no otra) es la que nos puede llevar hasta nuestros orígenes.
Tal vez lo importante de la película es saber que la incapacidad del ser humano para entenderse en infinita.
Tal vez, no lo sé. Yo, por si acaso, seguiré viendo 2001: una odisea del espacio más y más veces. Hasta estar seguro de entender todo para, definitivamente, dejar de entender el mundo. Porque es lo que toca.
© Del Texto: Nirek Sabal
Bill Evans – Autumn Leaves

George es ignorante y analfabeto, pero no ha salido indemne de la escena de la playa. Ha sabido percibir el microuniverso de Ada, su emoción, la expresión de sus sentimientos a través de la música que toca y le cede 80 acres de tierra a Alisdair a cambio del piano. Seguramente intuye de forma irracional que poseyendo el piano, poseerá el alma de Ada. Sin embargo, George no puede hacer nada con él. No sabe tocarlo. El trueque con Alisdair incluye las clases de Ada. En la primera clase George le dice que no quiere aprender. Sólo quiere escuchar. La escucha. La observa. Pronto le propone un trato: le devolverá su piano tecla a tecla, una por cada visita en la que mientras ella toque el piano, él pueda tocarla.
El Piano es un regalo del cine para guardar entre algodones y acariciarlo de vez en cuando: dramatismo, lirismo, erotismo, guión, interpretación, personajes, fotografía, música. Poco más podemos pedir. Nos regala además una historia de amor, celos y deseo que si bien desencadena una tragedia, es de una belleza y una plasticidad extraordinaria mientras se desarrolla. Los desnudos de Harvey Keitel y Holly Hunter son probablemente lo más artístico que he visto en cine. El Piano nos muestra cómo viven la enfermedad del deseo tres personajes distintos desde tres posiciones distintas: Alisdair, Ada y George. Me quedo con el de George.
El deseo es el anhelo afectivo de saciar una apetencia y con frecuencia se nos muestra como un estado de exaltación, de pérdida de control, de desenfreno, de aceleramiento. Es cierto que todo lo anterior son manifestaciones habituales de la enfermedad del deseo. Pero en El Piano, el deseo de George se nos muestra como un estado de postración. George no intenta ni siquiera aliviar su sufrimiento. Cae en el mutismo, la inhibición. No puede dormir, no puede comer. Su melancolía es el resultado de una enfermedad sobrevenida por causa de una pasión que sabe que va a destruir su salud y su alma. Y lo acepta sin aspavientos.
Personalmente, El Piano me regala una escena para guardar para siempre en la memoria: la escena final, la escena más luminosa de toda la película que deja ver apenas una parte del porche de una casa de madera blanca que se intuye junto al mar, en la que Ada, cubierto el rostro por un velo, y con un dedo de metal aprende a hablar mientras Georges la observa y juega con ella. Se tocan. Ada sonríe.
¿Será que debemos pasar por una mutilación para encontrar la felicidad?
© Del Texto: pyyk
Diane Schuur & B. B. King – You Don´t Know Me

¿Quién, siendo niño o adolescente, no se ha encontrado fantaseando con los personajes que aparecen en una película, con las historias que viven? Posiblemente sean muy pocos los que digan que no lo han hecho nunca y a esos, a esos pocos, les compadezco.
Cuando nos hacemos mayores dejamos de fantasear y vemos las películas como puro entretenimiento. Entramos en una sala de cine, nos sentamos y durante una hora y media, dos a los sumo, nos olvidamos de quienes somos, de lo que nos preocupa, y dejamos pasar el tiempo sumergidos en lo que pasa en la pantalla, pero no la traspasamos jamás, nos quedamos como meros espectadores de lo que allí ocurre, pero nunca somos personajes de aquello que estamos viendo.
Esto no ocurre con “En la ciudad”. Quienes me conocen saben que he desarrollado un auténtico gusto por los films de Cesc Gay. Y eso, no ha sido porque sí, sino porque los guiones de este director, son tan cercanos que bien podrían ser extractos, ligeramente modificados, de mi vida. Pero no sólo de la mía, sino de la tuya, de la suya, de la nuestra, de la vuestra.
Esta vez no podía ser menos. En esta película, Gay vuelve a colocarnos en el universo de lo cotidiano, en el centro de nuestras propias vidas. Estamos ante la historia de un grupo de amigos que viven en Barcelona, unos urbanitas prototípicos que mantienen oculta a los demás parte de su vida.
Un grupo de personas, con sus vidas organizadas, cada uno a su manera y como puede, andan buscándose en sus universos personales, porque todos ellos andan terriblemente perdidos en el universo de lo oculto. Y es que, no hay pérdida más grande que sentirse extraviado en el universo particular.
Lo que les ocurre a los personajes de “En la ciudad” es que andan perdidos, lo mismo que nos ocurre, en determinados momentos, a todos nosotros, que nos perdemos, no nos encontramos. Vivir en una gran ciudad, con cantidades ingentes de personas rodeándote no te garantiza el sentirte acompañado. Precisamente, eso es lo que nos trasmite esta película, que el aislamiento y la soledad interior está presente en la vida de los adultos por muy rodeados de personas y de cosas que estemos.
Se nos narran las historias de varios personajes en permanente conflicto interior. El mantenimiento de las apariencias para sentir que se pertenece al grupo y así continuar con una existencia absolutamente patética y triste.
Irene (Mònica López), una lesbiana, casada con un hombre al que no quiere, Manu (Chisco Amado) viviendo un auténtico tormento interior para ocultar a su marido su condición sexual. Sofía, (María Pujalte), la dependiente de una librería, con una desastrosa vida sentimental, que fantasea con las conquistas que va realizando a la espera de encontrar al “hombre de su vida”. Un arquitecto, Mario, (Eduard Fernández), que asiste en silencio a la infidelidad de su mujer, Sara (Vicenta Ndongo), y que sucumbe ante los encantos de una joven camarera, Cristina (Leonor Watling). Un profesor, Tomas (Alex Brendemühl), que inicia una relación con una alumna, menor de edad, Ana (Miranda Makaroff), a la que termina convirtiendo en su amante.
Historias que podemos encontrar en cualquier momento, a nuestro alrededor y que no queremos ver, no queremos conocer, porque nos muestran y nos colocan frente a nuestro propio espejo, porque nosotros mismos somos personajes de nuestra propia película.
Y por último, si no quiere sentirse parte de esta “Ciudad”, si no quiere pararse a pensar sobre qué es lo que está ocurriendo con su vida, no vea esta película, déjela para otro momento. Pero, si finalmente decide sentarse frente al televisor, no dejen de reparar en la banda sonora que, como siempre, con Gay es un gustazo.
© Del Texto: Anita Noire
Jamie Cullum – I Think I Love

Un pasado que resuena constantemente en el presente y que seguirá haciéndolo en el futuro. Porque a veces, sin quererlo, las circunstancias de la vida se escapan a nuestro control, provocándonos unos sentimientos que, en ocasiones, somos incapaces de gobernar llevándonos por derroteros que pueden hacernos rozar la locura o la excelencia, pero que no podemos gobernar. Y lo único que puede redimir la más grande de las tragedias es el amor, el sentirse amado y el amar apasionadamente.
Una película sobre los sobrevivientes al Holocausto Nazi y las terribles consecuencias personales, emocionales e íntimas que sobre ellos tuvieron. Sobre la trascendencia de las elecciones, sobre lo relevante de las decisiones, sobre lo imposible que es sobreponerse a determinados hechos. Una película desgarradora que creo no debe dejar de verse.
© Del Texto: Anita Noire