Annie Hall: Autopsia de una relación sentimental


He escuchado muchas tonterías en clases de guión, de análisis fílmico, de obsesos por las autopsias cinematográficas. Creo firmemente que hay cosas que no deberían estudiarse nunca. Creo que el cine es una de esas cosas que se estudian inutilmente. Sin embargo, conservo un bonito recuerdo del análisis que un entrañable profesor mío hizo sobre “Annie Hall” una mañana de bostezos y langostas…
Ese profesor mío intentaba explicar en vano cómo contar una historia de amor de 93 minutos sin recurrir al trillado y soporífero “Te quiero” de otras historias románticas. Para ello, puso de ejemplo esta película, dónde un chico y una chica, que son la monda, se “dicen” que se aman mientras se enfrentan a unas terroríficas langostas en la cocina. La chica ríe a carcajadas y capta con su cámara al chico que grita espantado ante semejantes crustáceos. Se aman.

 

Más tarde, cuando el chico intenta probar con otras chicas la misma escena, a éstas no les hacen ninguna gracia las langostas ni demás crustáceos. La cosa no funciona.
Esta secuencia langosta no es más que el “encuentro” que se produce después de la secuencia “encantamiento” de toda relación sentimental, cuando el chico y la chica se conocen y beben vino en una terraza de geranios multicolores mientras charlan de mentira adulterando un buen lote de subtítulos de verdad, como todos los subtítulos.
Luego, el destino, conspirador y fastidioso en toda relación sentimental, secuestra a la chica con destino a Los Ángeles, con un hortera de esos que sólo habitan en Los Ángeles, y sin billete de vuelta de Los Ángeles. Provocando así un “desencuentro” aéreo, que obliga al desdichado chico a superar, inexcusablemente, su fobia a los aviones.
Si me baso en esta autopsia de ese entrañable profesor mío al que nunca hice ningún caso, y hago un ligero repaso a mi desastroso currículum sentimental, tengo una secuencia “encantamiento” en la que bajo a tomar un vino con un desconocido y vuelvo dos días más tarde con un buen repertorio de subtítulos en mi bolsillo. Una secuencia “encuentro” la tarde en que un tipo al que adoro cocina una carbonara mientras yo lo observo en boxer y calcetines sentada en el fregadero, y una infinidad de “desencuentros” provocados siempre por ese destino mío, totalmente irracional, y loco, y absurdo, pero que supongo, sigo manteniendo, porque yo, como Alvy, también necesito los huevos…
© Del Texto: Sonia Hirsch

Richard Galliano – Sur: Regreso al amor


3 Respuestas en “Annie Hall: Autopsia de una relación sentimental”

  • Carlos Rolod ha escrito:

    Las comas acarician, da gusto leerlo.

  • David ha escrito:

    Un texto muy ligero, de esos que esconde la importancia de cada experiencia personal en la anecdota (como la bien referida secuencia de las langostas),de esos que estan tan bien escritos que parece que se ha hecho sin querer, por la mañana al levantarse.
    Por cierto,no se por qué me da la impresión de que la señorita Hirsch fuese una de esas intelectuales, que como Alvy, no traga a los intelectuales.

  • Sonia Hirsch ha escrito:

    En efecto, David. La señorita Hirsch no traga a nadie que no sea absurdo, ilógico, loco e irracional.
    Y, en efecto, este texto fue escrito sin querer la pasada noche mientras saltaban setas en mi cocina.