Lo necesario de poder regresar. Up in the air.

¿En qué mundo vivimos? Existe una tendencia extraña a pensar que todo lo que es emocional, es ñoño, poco profesional. Desde el mundo empresarial, y porque no, incluso en el personal, hemos emprendido un ataque feroz a la comunicación directa entre personas. Hoy en día nos comunicamos por teléfono, por mails, nos vemos por videoconferencia, y nos creemos que con ello nuestras relaciones personales y profesionales se vuelven más eficaces, más rápidas, más ágiles. Posiblemente sea cierto, pero, también lo es, que las estamos deshumanizando.
Hoy lo que” triunfa” es viajar ligero de equipaje, la falta de compromiso, la voluntad de no involucrarse demasiado con el que tenemos a nuestro lado. Sin embargo, a la hora de la verdad, cuando las cosas vienen mal dadas, lo que buscamos siempre es el calor que nos da precisamente los que tenemos a nuestro lado, nuestros amigos, nuestra familia, nuestras parejas. No podemos vivir eternamente con una mochila vacía.


“Up in the air”, muestra precisamente todo esto. Ryan Bingham (George Clooney), es un profesional cuyo trabajo consiste despedir a gente. Vive viajando por todo el país, sin más obligaciones que las que su propio trabajo le impone. Vive a caballo de cientos de aeropuertos, hoteles de primera y coches de alquiler. Toda su vida en una maleta. Su único objetivo, conseguir alcanzar el máximo de millas viajadas para entrar en una estúpida élite de viajeros. Por el camino, tropezará con Susan (Vera Farmiga), otra viajera profesional que como él, pasa media vida recorriendo el país. El inicio de una relación con Susan, el encuentro laboral con una novata (Anna Kendrick) que pretende revolucionar el sistema de despidos de la empresa y que terminará afectada por la consecuencias de su trabajo, provocan el primer tambaleo en la vida de Ryan quien, sin remedio, acabará contemplando como su vida en solitario como opción no es más que un fraude.
“Up in the air”, no es una comedia, es más bien el drama de la sociedad que estamos creando. No se puede vivir sin mochilas, sin un domicilio fijo, porque todos, absolutamente todos necesitamos poder contar con alguien en quien apoyarnos cuando desfallecemos a medio camino, compartir nuestros buenos momentos, todos necesitamos un sitio al que volver y sentir que estamos en casa. Lo podremos hacer mejor, lo podremos hacer peor, pero creo que todos necesitamos tener bien anclados nuestros puntos de referencia, con nuestros amigos, nuestras familias, nuestros mundos reales que son, en definitiva, los que nos mantienen con los pies en el suelo.
Y es que como dice el propio Ryan Bingham, “La vida es mejor en compañía. Nos hace falta un copiloto”.
© Del Texto: Anita Noire


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