Creer en las personas. Precious.

Llevo una hora sentada frente a la pantalla. Intento ordenar mis ideas para poder escribir lo que realmente quiero contar y no he conseguido escribir una línea en todo este tiempo.
Suena en mi cabeza: Precious, Precious, Precious.
¿Se puede nacer en el infierno, crecer en el infierno y tener puestas las esperanzas en el futuro? ¿Puede alguien superar una existencia de humillaciones, vejaciones y maltrato que taladra no sólo el cuerpo sino también el alma? Sí, se puede. Con una batalla feroz, titánica, pero se puede. Existen personas con una llama interior, en permanentemente combustión, que les ayuda a sobrevivir entre la mierda, entre el dolor, entre la podredumbre que desde niños les inoculan en vena los que, se supone, deberían velar por ellos y quererlos. Estoy convencida de ello.
Y me repito: Precious y resiliencia; Precious y resiliencia; Precious y resiliencia.
La historia de Clarencee Precious Jones, es la de una niña de dieciséis años, negra, casi analfabeta, que espera su segundo hijo. El primero lo tuvo a los doce años, una niña con síndrome de down a la que conocen con el nombre de Mongo, cuyo padre es su propio padre. Vive en Harlem, con su madre (Mo’nique), en Lenox Avenue, el reino de los invisibles, de los sin voz. Su madre es una mujer obesa y cruel, cuya única ocupación durante el día es ver la televisión, comer lo que Precious le prepara, obtener las prestaciones de la beneficencia a costa de su hija y nieta, mientras la maltrata, culpabilizándola de las propias agresiones sexuales que sufre por parte de su padre, acusándola de robarle a su marido y tratándola del modo más denigrante posible. Precious tiene que abandonar la escuela a causa de su embarazo. El centro escolar es su única atadura al mundo cuerdo, al mundo de los adolescentes, el único lugar por el que siente algún interés y en el que consigue, aún siendo invisible, abandonar el mundo en el que vive. Precious acabara en un instituto para casos desesperados que para ella será el inicio del camino de la recuperación, de la esperanza. Pero allí, en el último escalón del pozo, cuando ya no queda más infierno al que bajar, encontrará a la señorita Rain (Paula Patton), una maestra joven junto con sus compañeras, otras chicas con vidas desquiciadas, pero juntas, con la ayuda de la asistenta social (Mariah Carey) y de un enfermero (Lenny Kravitz), será con ellos, con los que ven más allá de la simple apariencia, con quienes Precious comenzará su ascenso desde los infiernos.
Precious, es un personaje perfectamente elaborado, una contraposición entre lo aparente representado lo exterior, el mundo hostil, y lo invisible, lo interior, lo hermoso. Precious es gorda, fea, ninguneada despreciada, violada, maltratada, odiada, vejada, humillada por su padre, por su madre. Sin embargo Clarencee Precious Jones es inmensa, hermosa, única y con una voluntad de hierro que sólo los elegidos entre los excluidos poseen. Ella es la personificación de la resiliencia, de la humanidad, del instinto amoroso y de protección hacia los suyos, los verdaderamente suyos, los que dependen de ella, sus hijos. Unos hijos fruto del incesto, hijos de la violación de su propio padre, a los que ella, por encima de cualquiera cosa, ama y pretende alejar de la vida que ella ha tenido.

Y sólo pienso: Precious y amor, Precious y amor, Precious y amor.
Es una película durísima, brutal, donde la realidad, esa que existe y que los privilegiados a veces negamos mirando hacia otro lado porque nos tiemblan los cimientos, nos muestra que pese a todo y, pese a la maldad que presiden muchos de los actos de las personas, hay que continuar confiando en que existe buena gente. Que somos capaces de sufrir y soportar lo peor, caer en el de los infiernos, pero que desde la poltrona de nuestro bienestar.
Porque existen otros mundos pero están en este, aunque nosotros cada día intentemos correr estúpidos velos y cortinas para no tener que ver nada de todo eso que, por feo, por sucio, por deprimente, intentamos obviar. Pero, por suerte para los menos afortunados, siempre hay alguien que cree en las personas, que están ahí tendiendo manos, creando puentes para evitar que caigan al fondo de un pozo del que ya nadie les pueda sacar. Por eso, después de ver esta película, creo un poco más en las personas.
Precious es toda una lección. Sí señor.

© Del Texto: Anita Noire


1 Respuesta en “Creer en las personas. Precious.”

  • pyyk ha escrito:

    Gracias por un análisis tan acertado, que después de ver la película sigue abriendo puertas.