Altamente peligrosa para la sociedad

- ¿QUÉ SUELE HACER USTED EL DÍA QUE ESTÁ DE SERVICIO?
- NADA DE PARTICULAR, CORTAR EL CÉSPED…
Adoro la Nouvelle Vague, la luz natural, la cámara al hombro… El estilo “reportaje”, los rodajes cortos y baratos, la súper 8…
Adoro a Truffaut, porque él, como yo, prefirió ver la vida a través de los libros y el cine; porque él eligió emborracharse de Cinemateca y pasar de la vida social y la política; por autodidacta y antiacademicista; por alejarse de las modas y el esnobismo; por sus historias tan, tan, tan personales; por sus finales tan ambiguos, y porque va directo al corazón del corazón humano.
Ah, y porque yo también creo firmemente que en la historia de Inglaterra del siglo XX, Charles Chaplin es más importante que Winston Churchil. Eso creo.
Adoro esta película porque adoro leer. Y, aún con sus carencias técnicas, sobresale el honesto intento por parte de Truffaut de mostrarnos el amor que siempre sintió por los libros y la literatura; porque me provoca un insomnio terrible cuando la veo; porque me da la risa cuando veo sus créditos sin créditos y sus comics llenos de bocadillos vacíos; porque me alerta sobre la amenaza de la televisión, y yo no tengo antena…
Decía su protagonista, Guy Montag, que quemaban los libros porque éstos distraían a las personas y las hacían “elementos insociables”. Que se trataba de mantenerlas entretenidas a base de gimnasia y televisión interactiva. Será por eso que odio la gimnasia y la televisión, que siempre me he sentido Clarisse McClellan, y nunca guardé a Dickens en la lámpara ni a Bukowski en mi tostadora. Así que me declaro un “elemento insociable” y altamente peligroso para la sociedad, dispuesta a repantigarme con mi libro en el primer árbol que vea, allí dónde me dejen en paz los bomberos, y alejada de las antenas.
Muchas son las preguntas que me hice en el visionado de esta película:
¿Qué pasaría si en nuestro mundo fuesen prohibidos los libros? ¿Cambiaríamos la cocaína por leer a Platón? ¿Soñaríamos con los prados de Jane Austen, con bailar una mazurca con Anna Karenina, con llorar leyendo las desgracias del pequeño Copperfield?
¿Dónde preferirías vivir: en la ciudad, con la televisión, el Orfidal y las comodidades, o en el bosque, pasando hambre y frío convertido en un hombre-libro?
A mí me gustaría, mientras ustedes cortan el césped, recitar a Bradbury bajo la nevada en los campos de “Amanecer” de Murnau, y llamarme “Farenheit 451”.
© Del Texto: Sonia Hirsch


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