Charlas sin importancia. El mismo amor, la misma lluvia.

Solo a fuerza de cumplir años y de acumular historia en la espalda uno se da cuenta de que hay historias que no terminan nunca. Dos caminos transcurren paralelos (a veces), se van entrecruzando para distanciarse en mil ocasiones y vuelven a ser paralelos hasta reencontrarse. Las historias de amor, las de amor de verdad, contienen mucho de retornos, de ilusiones, de esperanza, de desilusión, de fracaso y de soledad. Esa es la realidad, la que no se puede ocultar cuando se quiere hablar con autenticidad del sentimiento amoroso.
Existen relaciones que permanecen inmutables en el tiempo, en las que hay personas destinadas a cruzar sus caminos continuamente durante su vida, pese a las circunstancias que a uno y otro les toque vivir. Situaciones complicadas, con el regusto de la tristeza de lo infinito.
Esta es la historia que nos narran en “El mismo amor, la misma lluvia”. Jorge (Ricardo Darín), una joven promesa de la literatura argentina de principio de los años 80, vive de los cuentos románticos que escribe en una revista de actualidad, y Laura (Soledad Villamil), la soñadora joven que esperando el retorno de su novio pintor en Uruguay, se enamora de Jorge. Una relación que se iniciará con una cómplice convivencia y terminará con una ruptura que no pondrá fin a nada. A lo largo de dos décadas los encuentros y desencuentros serán constantes. Se buscarán, se encontrarán, se transmitirán las alegrías, las desilusiones que se manejan en el mundo de los adultos. De ahí que el mismo amor, la misma lluvia, dos elementos fundamentales de la película, siempre sean el “mismo”.
En definitiva, no es nada novedoso, la eterna relación de dos personas que se aman, quizás de la única manera que se puede amar de verdad, acomodándose a las realidades de cada uno en cada momento, con la normalidad que impera en las relaciones de verdad, en esas que existen sin artificios.
Un argumento nada novedoso, es cierto, pero es que en el amor no hay nada nuevo, todo está contado, todo está escrito. Solo cambia la forma, la intensidad de quien lo vive, y en el saber contarlo y hacerlo como es en realidad. La capacidad del sentimiento amoroso para transformar en importante aquellas cosas que, en otras circunstancias, son absolutamente intrascendentes o incluso ridículas.
En un momento de la película Jorge dice: “A veces pienso que las charlas sin importancia, en los lugares sin importancia fueron los momentos más importantes de mi vida”. No puedo estar más de acuerdo. Por lo general, los momentos más importantes de nuestra vida son aquellos que nos quedan grabados en la memoria, que no transcurren de manera espectacular, sino que se encuandran dentro de nuestra rutina, de nuestro día a día, nos encienden la luz interior, transformando esos momentos, esas “pequeñas cosas” , en los esplendidos e inolvidables instantes de nuestra vida.
Una película, simple, buena a mi entender, sin más finalidad que contar la historia de dos personas que se aman, sin más pretensiones.
Sólo cabe terminar con este pequeño diálogo:
- ¿Vos creés en el destino?
- Creer o Reventar.
@ Del Texto: Anita Noire


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