La fuerza de los que no están. Rebecca.

De vez en cuando me gusta volver a Manderley para perderme entre los muros de una mansión que contienen los secretos inconfesables de un personaje, Maximillian de Winter (Laurence Olivier) y la imperante personalidad de Rebecca, significando ambos el ninguneo de la joven mujer que aparece en la vida de Maxim. Una mujer que no tiene nombre (Joan Fontaine), que vive a la completa sombra de la mujer muerta en extrañas circunstancias y a la sombra de un esposo atormentado que vive sumido en el recuerdo de su primera esposa. Rebecca, una presencia gigante en toda la película que no se ve, que no se oye, pero es sin duda el personaje principal de la película, el que atormentará a De Winters y convertirá a la sosa, juvenil y dulce “sin nombre” en una mujer decidida, cuyo objetivo final será poner fin al recuerdo de Rebecca para que su matrimonio alcance la felicidad que la presencia de la difunta Rebecca les dificulta.
Espectacular la presencia de la ama de llaves, la Sra. Danvers, convertida desde el primer momento en la férrea defensora de la figura de Rebecca, la verdadera Sra. De Winters. El inmovilismo y la desazón todo en uno para evitar la desaparición de la figura de Rebecca.
De Winters, la imagen del esposo permanentemente afligido, torturado por la muerte de su esposa, contrapuesta a la realidad de un hombre que odiaba profundamente a su esposa, Rebecca, por la vida de corrupción y engaño a la que ambos habían sucumbido por mor a no perturbar la sociedad en la que viven. Una sociedad en la que ambos, encarnaban la imagen del matrimonio y vidas perfectas.
Rebecca es una impresionante, siniestra y desasosegadora historia de amor y de odio, ambientada en un terrorífico paisaje, con una atmosfera absolutamente densa que llega a asfixiar, no sólo a los personajes, sino al propio espectador. Rebecca, una película oscura, inquietante, donde la presencia de una personalidad arrolladora, que no aparece jamás, llenará todos y cada uno de los minutos de esta historia que Hitchcock plasmó magistralmente, consiguiendo hacer comprender al espectador lo que trascienden algunas personalidades brutalmente enormes.
Hitchcock, como siempre, un maestro, con unos personajes perfectamente tramados, en los que sin una sola escena de violencia física, logra mantenernos en un estado de suspense permanente, consiguiendo asustar al espectador con sus constantes insinuaciones de lo que da buena prueba esta película.
© Del Texto: Anita Noire


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