Un mundo del que reírse. Malditos Bastardos.

Taratino es violencia. Ironía. Acidez. Cómic. Cine. Tarantino es Tarantino.
Hasta ahora los nazis eran una banda de malvados que luchaban contra un ejército de damiselas que lanzaban granadas de algodón dulce (estos son los americanos). Y los judíos un pueblo pusilánime sin arrojo alguno. Desde Tarantino los nazis son unos ridículos que se tienen en píe gracias a un discurso tramposo y les permite ser violentos y exquisitos al mismo tiempo dirigidos por el más anormal, ridículo y violento de todos ellos. El ejército norteamericano un ejército como otro cualquiera (esto es, lleno hasta arriba de zumbados) capaz de cometer las mayores atrocidades. Y el pueblo judío gente normal y corriente que puede llegar a sacudir leña como, pongamos por ejemplo, el alemán y tan dispuesto a morir como a matar. Será más o menos discutible, pero es lo que nos muestra Tarantino en su última película.
Me gusta el cine de Tarantino porque me gusta el mundo que nos entrega en cada una de sus películas. Me gusta el mundo de Tarantino porque es el universo en el que me puedo reír del universo. Y me gusta poder mirar el mundo con cinismo porque no se me ocurre mejor forma de hacerlo.
Malditos Bastardos es un disparate igual que lo fue la segunda guerra mundial. La película se llena de locos, de personajes que buscan venganza, de cosas que salen mal porque nunca salieron bien en las guerras. De vida y de muerte. De escenas magníficas. De diálogos interminables que vienen a decir “les mataré”, pero que se alargan manteniendo una tensión narrativa que sólo un director brillante puede conseguir. Y todo, sin excepción, en clave de humor. Mirar lo que hace Tarantino con una libreta en la mano buscando la esencia del cine clásico, de lo ajustado o alejado de los cánones que se encuentra, es un error. Claro que hay guiños al cine de todos los tiempos. Por ejemplo, la escena que se desarrolla en el hall del cine con Brad Pitt vestido con un smoking blanco nos lleva hasta Brando en “El Padrino” y uno no puede dejar de reír escuchando el diálogo patético que se produce. Pero el guiño es transgresor y como todo lo que rebasa los límites del orden deja de gustar a medio mundo de un golpe.
De lo que he visto de este director (todo) esto no es lo mejor. Superar una película como “Pulp Fiction” es muy, pero que muy complicado. Aunque merece la pena echar un vistazo a estos Malditos Bastardos. A mí siempre me ha gustado ironizar sobre lo más asqueroso y sobre lo más sagrado de este mundo. Es la única forma de soportar tanta mierda. Y Tarantino es como un inhalador lleno de ese sentido del humor tan sano que me deja respirar mejor.
Hay que ver el cine de Tarantino. Hay que reírse del mundo, de uno mismo, de los nazis, del ejército norteamericano y de todo, incluidos nosotros mismos y el señor Tarantino. Tal vez la vea esta noche de nuevo.
© Del Texto: Nirek Sabal


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