Cuando sea libro me pido ser… Fahrenheit 451

En mil novecientos noventa y tres quise ser “El Origen” de Thomas Bernhard. El veinticuatro de febrero de dos mil diez quiero seguir siéndolo.
Me recuerdo sentado en la silla de estudio pensando sobre la novela que acababa de leer. Fahrenheit 451. Me recuerdo sentado pensando sobre el libro que elegiría en el caso de verme en una situación como la que se describe en esa novela. Pero, sobre todo, me recuerdo asimilando lo que acababa de entender y que no había sido capaz de ver con claridad hasta ese momento. El escritor tiene una responsabilidad, casi trágica, con la humanidad y con su humanidad. Lo que escriba será, tanto si es malo como si es bueno, parte de esas “humanidades”; lo que destruya o deje que destruyan otros estará haciendo trizas buena parte de esa herencia. No hay una sola lágrima que un ser humano haya derramado que no hereden todos y cada uno de los hombres y mujeres que nazcan después de él. Cada uno manejará eso como pueda, cada uno será distinto por ello. Pero si es modificada por una distinta y enlatada el ser humano ser convertirá en una burda imitación de sí mismo. Todos iguales, todos viviendo una felicidad absurda y mortecina, todos mediocres.

Bradbury, autor de la novela, nos muestra esas lágrimas heredadas en forma de libros que son quemados por bomberos que derraman petróleo con sus mangueras en lugar de agua. El poder convirtiendo al ser humano es un rebaño atontado que habla con personajes imaginarios de la televisión (como los muchachos que pasan horas jugando con su consola o los adultos que confunden Internet con una casa de citas gigantesca). Y un grupo de hombres y mujeres diferentes porque no están de acuerdo con ese poder ni entre ellos. Como los libros que aprenden de memoria para que no se pierdan ante tanta estupidez.
Fahrenheit 451 no es una novela cualquiera. Es una obra que puede cambiar la vida de la gente si es bien leída, si es bien interpretada. Como todas las obras de arte.
Por eso quise, quiero y querré ser “El origen” de Thomas Bernhard. Otra obra de arte. Quiero no estar de acuerdo con nadie de este mundo, quiero ser yo mismo y rodearme de otros. ¿Quién no querría casarse con “Conversación en la Catedral” o algún relato de Salinger?
De momento no tenemos la obligación de aprender de memoria ninguna de las novelas que se han escrito. De momento. Ya veremos dentro de unos años. Pero si debemos leerlas. El que no conozca esta de Bradbury que lo haga. Es posible que se la pida.
Fahrenheit 451
Ray Bradbury
DeBolsillo
Calificación: Imprescindible
© Del Texto: Nirek Sabal

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