La farsante auténtica. Desayuno en Tiffany´s

Parece ser que Truman Capote era una persona difícil de carácter por su extravagancia, traicionero con sus amigos, drogadicto y no sé cuántas cosas más. Y, por si fuera poco, era escritor. No un escritor cualquiera sino un genio de la literatura, lo que significa que cualquiera de sus defectos se verían multiplicados de forma alarmante. Eso seguro.
No me gustan mucho los escritores. Sin embargo siento especial debilidad por Capote. Él sabía que ser eso, escritor, significaba muchas cosas, un gran compromiso consigo mismo y con los demás, una forma de abordar la vida intentando derribarla antes de que ella le derribase a él. Debilidad que viene de la lectura de toda su obra, pero, especialmente, de las sucesivas lecturas que he realizado de su novela “Desayuno en Tiffany´s” desde el año mil novecientos noventa hasta hoy. Cada año la leo. Cada año echo un vistazo a la película dirigida por Blake Edwards. Entre otras cosas porque no tienen nada en común. Cuentan cosas bien distintas y, afortunadamente, Edwards no trato de se fiel a lo escrito. Si lo hubiera intentado y hubiera conseguido lo que nos presentó con la Sra. Hepburn al frente, tendríamos que haber juzgado a ese hombre condenándole a cadena perpetua.
Mientras la película trata de mostrar la cara amable de un mundo refinado y excesivo en casi todo, la novela hace todo lo contrario. Por ejemplo, en la película no se escuchan cosas como “la verdad es que lo eres. Eres una mala puta” o “lárgate a hacer de puta a otra parte”. En la novela sí se pueden leer cosas así. Y mucho peores. Porque la intención de Capote era bien clara. Capote quería hablar de él mismo, de su trabajo como escritor, del mundo real enfrentado a la ficción, del egoísmo, de la falsa amistad y de la cobardía humana. Dicho de otro modo, quería hablar, sobre todo, de literatura utilizando vehículos oscuros y siniestros.
Capote era un escritor de los de verdad, de los que saben qué es eso de escribir. Mirar con cara de estúpido el mundo para poder soñar ese mundo. Eso es a lo que dedicó gran parte de su vida y lo que hace su personaje principal en esta novela. Soñar el mundo para conseguir crear un lugar en el que hasta la mismísima Holly sea capaz de vencer sus depresiones. La realidad le destroza. Un sueño (representado por una joyería de lujo) es la única forma de salir adelante. Y cuando los mundos comienzan a mezclarse, ella huye hasta llegar a otro lugar que le envuelve en su irrealidad, que le protege en su distanciamiento del tiempo y espacio. Se defiende de los demás, de lo que le toca vivir. Holly pasa la mayor parte del tiempo filtreando con todo y con todos. Todo es accesorio, nada importa. Ella va por delante del mundo. Incluso por delante de sí misma. Se siente una criatura salvaje que puede hacer daño, pero desdichada por serlo. La historia de Holly es una de las tragedias más terribles de la literatura del siglo pasado.
Porque Holly es la misma literatura, es la “farsante auténtica” que dibuja Capote en su novela.
Ni la novela, ni la película, deberían pasar desapercibidos para alguien que se quiere acercar al arte de narrar. Sea cual sea. Porque Capote es un genio. Y la película una obra de arte.

Desayuno en Tiffany´s
Truman Capote
Editorial Anagrama
Calificación: Imprescindible
© Del Texto: Nirek Sabal


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